CAPITULO 5. SIEMBRA Y RESIEMBRA DE TRUCHAS

Luego de realizada una estimación de la capacidad de producción de una laguna y concluidas las mejoras previas necesarias, el productor podrá proceder a la suelta de las truchas (semilla) en el ambiente. Para ello deberá estimar el número apropiado de individuos a liberar y proveerse de los mismos.

Las ovas y juveniles se venden por millar, variando considerablemente su costo según el país y en algunos casos, con la época del año. El costo de las 1.000 ovas puede oscilar desde U$S 10,00 hasta U$S 40,00, mientras que los 1.000 juveniles pueden variar desde U$S 20,00 a U$S 80,00. Los precios también cambian por volumen y por su calidad sanitaria.

Origen de las truchas

En casi todos los países de habla hispana es posible obtener lotes de Truchas Arco Iris procedentes de pisciculturas privadas e incluso de las estatales. La Trucha Arco Iris de criadero se adapta perfectamente al cultivo en lagunas, manteniendo un excelente ritmo de crecimiento en las condiciones climáticas más adversas.

Las variedades de criadero tienen la ventajas de: i) ser previsible la época de su reproducción y ii) conocerse las condiciones sanitarias y genéticas de los lotes. Si bien se adaptan perfectamente al cultivo extensivo, sus crías no pierden la aptitud para ser nuevamente readaptadas al cautiverio en forma intensiva, como fue posible comprobar en experiencias realizadas en la Planta Puerto Moreno de la Cooperativa de Trabajo Piscicoop Ltda. (Bariloche, Argentina) durante los años 1992,1993 y 1994.

La readaptación de las truchas de laguna al cultivo intensivo permite considerar un segundo producto comercializable, las ovas para cría. O, en algunos casos, este producto puede transformase en el producto principal.

 

Un reproductor mantenido en condiciones de cultivo intensivo requiere de alimento y contenedores durante seis o siete años para obtener de tres a cuatro desoves en su vida útil. Los gastos en alimento y espacio son de menor significado en la producción de reproductores en lagunas. Un proyecto de este tipo es posible cuando no existe el riesgo de temperaturas extremas en verano y cuando el acceso al ambiente es viable en los períodos apropiados.

Teóricamente, la mejor semilla posible será aquella procedente de lotes de reproductores de criadero de “buena sangre” adaptados a lagunas. Como segunda opción deben considerarse la semilla con origen en criaderos de “buena sangre“, alojados en pisciculturas que sigan las pautas que se señalan en el Punto Transmisión de enfermedades.

 

Para el cultivo de las truchas en lagunas, una semilla es “buena“ cuando registra alta sobrevida, el crecimiento de los ejemplares es parejo y el porcentaje de malformaciones es bajo.

Qué sembrar

En condiciones normales la siembra de una laguna debe realizarse con juveniles, es decir, truchitas capaces de alimentarse y nadar. A mayor tamaño de los juveniles, más fuertes y resistentes serán, pero mas difícil es su traslado.

La suelta de alevinos (estadío posterior al nacimiento en que la trucha no ha comenzado su alimentación por estar reabsorbiendo el saco vitelino y en el cual su movilidad es muy limitada) no parece tener ningún sentido práctico y sí mucho riesgo en cuanto a mortalidad.

La siembra de huevos embrionados se justifica sólo en algunos casos. Iniciar la cría desde este estadío es extremadamente impreciso pues la sobrevivencia es incierta. Las posibles causas de muerte son muchas y las alternativas de control muy reducidas.

Por su parte la siembra de huevos se hace necesaria cuando hay dificultades de acceso y transporte, como ser en aquellos ambientes a los que puede llegarse sólo a pie o a caballo. Normalmente, estas lagunas se destinan para ser usadas como cotos de pesca o son sembradas inmediatamente antes que el acceso para vehículos sea construido o mejorado.

Hay ambientes cuya siembra es recomendable al comenzar la primavera, momento en el que los campos están anegados por un “exceso“ de agua y deben sembrarse ovas, pero que en los períodos en que se realiza la cosecha no ofrecen dificultad para acceder con vehículos.

La ova a sembrar es la que se conoce como "ova embrionada" la cual deberá estar lista para nacer a los seis, o siete días de su recepción, en base a los datos de temperatura de la estación en donde fue incubada. Si la temperatura del agua del ambiente receptor es superior a la de la planta de origen, el nacimiento se adelantará, retrasándose cuando la misma sea inferior.

En algunos casos particulares la siembra se realiza con tallas relativamente grandes e incluso con truchas de tamaño comercial, esto es posible cuando se cuenta con fácil acceso al ambiente y es posible el transporte en contenedores apropiados.

En aquellos ambientes ya habitados por  salmónidos, de una o varias especies, se deben sembrar nuevas líneas de origen conocido y confiable, combinando siembra y resiembras con extracción, hasta alcanzar niveles aceptables de reemplazo de la población preexistente.

En cuanto a la siembra de otras especies de salmónidos alternativos a la Trucha Arco Iris, se están realizando algunas experiencias con Trucha Marrón y con Trucha Fontinalis cuyos resultados se encontrarán disponibles en los próximos años. A futuro, posiblemente la Trucha Fontinalis cultivada en lagunas resulte un producto interesante para segmentos de mercado capaces de diferenciar por especie. No es de descartar su presencia junto con la Trucha Arco Iris en un mismo ambiente, buscando por un lado un producto diferenciado y por otro un posible mejor uso del alimento disponible. En función del conocimiento disponible no hay razones comerciales o de producción que justifiquen, como regla general, el remplazo de la Trucha Arco Iris como principal especie de cultivo.

Cómo sembrar

La siembra con huevos, a diferencia de los juveniles, se debe realizar en cursos de agua (vertientes, arroyos, ríos) y en sectores donde el fondo sea de piedras no muy grandes (grava) entre las cuales serán depositados los huevitos, los que deben ser cubiertos con unos 5 centímetros de piedras para evitar que los arrastre la corriente o los maten los rayos del sol. De ser posible se recomienda el empleo de cajas de plástico o acrílico, con ranuras para permitir la salida de los alevinos, como las del tipo Vivert o similar que facilitan la tarea y dan protección a los ejemplares.

 

Las truchas pequeñas (juveniles) se pueden transportar en tambores de 200 litros, metálicos o de material plástico, cuando el tiempo de transporte es breve (un par de horas) y la temperatura ambiente no muy elevada, no puede superar los 10 °C. Los tambores se llenan con agua hasta un tercio de su capacidad y se tapan con bolsas de arpillera (que permiten el ingreso de oxígeno), que conviene atar al tambor con una lonja de goma (de las que se obtienen de las cámaras en desuso). El movimiento durante el transporte produce “olas” que al chocar con las paredes arrojarán agua hacia arriba que será detenida por la arpillera. Este movimiento del agua permite una oxigenación permanente. Se debe prever el uso de redes pequeñas para sacar a los juveniles del tambor.

El piscicultor proveedor de las truchas es el indicado para estimar la cantidad de truchas que convendrá colocar por contenedor, dado el gran número de variables que intervienen (altitud, temperatura, tipo de agua, tamaño de los peces, distancia a recorrer, etc.).

El transporte de grandes cantidades de truchas y/o de larga distancia se realiza en bolsas de plástico reforzado, las que contienen una tercera parte de agua y dos partes de oxígeno a presión. Estas bolsas se colocan en cajas de telgopor con hielo y permiten transportar unos 500  gramos de truchitas, durante 48 a 72 horas. (Foto Nro. 7).

Las truchas deben ser liberadas en una de las costas de la laguna donde el viento no sople de frente, ya que debe evitarse que las olas “saquen“ del agua a las truchitas recién sueltas. El lugar debe ofrecer protección natural (piedras, juncales, etc.) contra aves y otros predadores. Por efecto del viaje, algunas truchitas quedan atontadas y demoran en recuperarse, éstas irán al fondo, por lo que no conviene que sea de material suelto, tipo limo o barro suelto.

 

Antes de soltar a las truchas hay que igualar la temperatura del agua del contenedor utilizado en el transporte (bolsa o tambor) con la del ambiente que va a recibirlas, para evitar golpes térmicos que pueden matarlas. En el caso de las bolsas,  éstas deben colocarse cerradas en la costa de la laguna durante unos 15 minutos (Foto Nro. 8), luego de lo cual pueden abrirse y soltarse las truchas. En el caso de tambores, se agrega agua de la misma laguna en pequeñas cantidades, hasta duplicar el volumen de transporte. En el caso de los huevos, se los rocía con agua y luego se colocan en el río.

Cálculo de la siembra

Una vez estimada la cantidad de kilos de truchas que sería posible producir por hectárea de laguna (etapa de evaluación), deben ser tomadas algunas decisiones con respecto a la talla en que se han de extraer los peces o bien en que período  del año se producirá la cosecha. Esta previsión resulta importante ya que el número de truchas a sembrar, es resultado del número de ejemplares que se quiera obtener (parte de los cuales resultará imposible capturar en el momento de la cosecha), más aquellos que han de morir durante el cultivo (ver Gráfico 8).

 

El cálculo a realizar es el siguiente:    S = C + P + M

donde:

S: Número de truchas a sembrar

C: Número de truchas a cosechar

P: Número de truchas NO capturables en la cosecha

M: Número de truchas perdidas por mortandad natural

P (número de truchas NO capturables en la cosecha) y M (número de truchas perdidas por mortandad natural) constituyen valores difíciles de discriminar. Es decir, si luego de nueve meses de engorde se retira un lote y se verifica que sobre una siembra de 1.500 ejemplares por hectárea, han podido ser capturados 500, no se sabrá cuantos de los 1.000 ejemplares restantes están aún en el ambiente.

Los ejemplares no capturados han de continuar en la laguna y posiblemente hagan su aparición con la cosecha de futuros lotes, a menos que el ambiente resulte de uso temporal, en cuyo caso morirán (por sequía o temperatura extrema). Para estimar el número de ejemplares que no son recapturados y de no contarse con sistemas acústicos (ecosonda) o como complemento de los mismos, puede utilizarse el método de Captura Total que se describe en la Ficha 1. Como número orientativo puede estimarse que entre el 10 y el 20 % de los peces resultarán de difícil captura, requiriéndose un gran esfuerzo para llegar a capturar un 95% de los peces existentes en la laguna en un período de cosecha.

La fórmula anterior es válida para la siembra, pero cuando una laguna está siendo resembrada, es decir, se está introduciendo el lote número dos, tres o cuatro, los cálculos deberán ser ajustados. La aclaración parece oportuna ya que el productor tiende a repetir la siembra inicial, cuando en realidad la primera de las siembras es la mas incierta, ya que se define por numerosos supuestos que podrán haber sido confirmados o ajustados al momento del ingreso de nuevas camadas.

Los nuevos cálculos de siembra deben tener en cuenta la existencia de peces no recapturados en el ambiente, pero sobre todo deben considerar una evaluación general de los resultados del cultivo del lote anterior. Peces bien alimentados y sanos permiten optar en un aumento de la densidad de cultivo o en su reducción en el caso inverso. También deben ser tenidas en cuenta las hectáreas reales del ambiente, las que casi nunca son constantes. El productor en algunos casos puede prever si se están acercando años secos o húmedos y los correspondientes cambios de la superficie de la laguna que puede variar considerablemente, haciéndose necesario adaptar los cálculos a esta predicción. El Cuadro 6 resume algunos porcentajes útiles a la hora de hacer un balance entre el número de individuos liberados y los recapturados, que también puede ser orientativo para un ajuste de la siembra inicial, de acuerdo a las características de cada ambiente.

 


FICHA I

 

CAPTURA TOTAL

El método de Captura Total es utilizado para establecer el número de individuos no recapturados en un ambiente que está siendo cosechado.

Objetivo:

Establecer cuántos peces no han podido ser recapturados, diferenciándolos de aquellos que han muerto durante el período de engorde.

Descripción:

El método consiste en mantener constante el esfuerzo de pesca durante la cosecha, es decir, el mismo número de redes, operando períodos de tiempo también iguales.

En cada período de tiempo se debe registrar la captura (en kilos, número de ejemplares o cajones capturados). Luego de registrada, la información se vuelca en un gráfico en el cual el eje de las “y” corresponde a la cantidad de peces capturados en cada lance y el eje de las “x” a la cantidad acumulada de peces capturados en los sucesivos lances.

De acuerdo a esto cada lance define un punto en el gráfico que lo determinan la cantidad de peces capturados en el mismo y la suma de peces capturados hasta ese momento.

Los puntos obtenidos permitirán trazar una recta cuya prolongación al cortar al eje de las “x” define un valor. Este valor sería la captura total si mantuvieran los lances hasta que no se extrajera ningún pez.

El número de ejemplares (o kilos, o cajones) que van desde este corte en el eje a el número total de peces capturados, serán los individuos que no han podido ser pescados, mientras que la distancia al número total de individuos sembrados, indicará el número de muertos. Ver Gráfico 1.

Supuesto

El método se basa en el supuesto de que si el esfuerzo de pesca se mantiene constante, la captura - en promedio - también será constante, hasta que la disminución de la población se convierta en una reducción de la captura. Es decir, la captura irá disminuyendo, en forma proporcional, a la población.

Ejemplo

En una pequeña laguna de una hectárea se cosechó un lote que al momento de la siembra era de 300 individuos. Por lo reducido del ambiente fue posible realizar la cosecha en dos lances, capturándose en el primero 120 truchas y en el segundo 57. Es decir, se recapturaron 177 truchas, perdiéndose 123 (40%). Elaborado el gráfico (ver Gráfico 1), se puede estimar que unas 80 truchas habrían muerto (26% del total) y 43 (13%) no fueron recapturadas.

Al aplicar el método en ambientes de envergadura, cambia substancialmente la escala de las cifras con respecto al ejemplo, ya que la cosecha de un lote puede tomar algunos meses, o fraccionarse en un par de años. Por este motivo es importante que el productor normalice la captura y registre apropiadamente la información.  

 


CUADRO 6. NIVEL DE EFICIENCIA EN LA SIEMBRA DE JUVENILES CON SACO REABSORBIDO RECIENTE

 

TRUCHAS RECAPTURADAS

NIVEL DE EFICIENCIA

Como % de juveniles sembrados

 

 

10

15 a 25

25 a 40

más de 40

 

 

Mediocre

Bueno

Muy bueno

Alta eficiencia

 

Más allá de las cifras orientativas y los cálculos teóricos, la experiencia nos indica que la siembra inicial de un ambiente no puede ser inferior a los 1.000 ejemplares por hectárea y cercana a los 5.000  en ambientes aceptables, para lagunas patagónicas y cordilleranas productivas. Posiblemente para el caso de lagunas pampeanas las densidades deban, por lo menos, duplicarse. Nótese que nos referimos a SIEMBRA INICIAL, tras la cual es posible el ajuste hacia arriba o hacia abajo. Como estrategia puede pensarse en una alta densidad inicial a ser ajustada en futuras siembras y por pescas intermedias, en el caso de los ambientes que permiten su uso en forma permanente.

A comienzos de los años 90 las densidades de siembra en nuestras experiencias eran una tercera parte de las actuales y posiblemente aún tengamos bastante margen para su incremento, el cual depende de los kilogramos / hectárea / año que se lleguen a obtener (ver Engorde).

Se considera que la suelta de los peces es la última decisión y acción que el productor realiza sobre los mismos. Por esta razón, conviene asegurar su ingreso al medio acuático en las mejores condiciones posibles. Para esto se recomienda, en aquellos casos en que sea posible, no concentrar la siembra de los peces en sólo una o dos sueltas, por el contrario, resulta prudente dividirla en tres o cuatro oportunidades ya que las pérdidas que se producen desde la siembra a la adaptación del individuo al medio ambiente (primeros 10 o 15 días) no se detectan. En muchos casos son consecuencia de problemas en el transporte y liberación, difíciles de advertir. Dividir las sueltas minimiza los riesgos.

Conviene advertir que si bien es recomendable fraccionar la siembra, tampoco es conveniente separar demasiado el tiempo entre la primera y la última suelta. Si, por ejemplo, se siembra un lote en cuatro sueltas a razón de una por semana, el mes que separa a los primeros de los últimos individuos, se convierte en una diferencia de tamaño apreciable a la hora de la cosecha en lagunas de productividad media y sobre todo alta. En este caso resultaría ideal concentrar la liberación en un período no mayor a los 15 días.

En ambientes peligrosos, por la existencia de predadores (otros peces, como mojarras), convendrá que las sueltas se realicen luego de una aclimatación previa de los peces en pequeñas jaulas de madera (0,60 x 0,40 x 1,00 metro) recubiertas con alambre mosquitero plástico, las que se colocan en sectores con buena circulación de agua, tratando de evitar los fondos barrosos y las zonas turbias. Las truchitas podrán ser liberadas a los tres días en zonas particularmente protegidas y donde el agua les permita el máximo de visibilidad posible.

Transmisión de enfermedades

Las ovas y los juveniles de trucha procedentes de criadero son potenciales portadores de virus, bacterias, hongos y en algunos casos de parásitos, causantes de numerosas enfermedades propias del cultivo intensivo.

El origen de las truchas es el aspecto más delicado para preservar al ambiente del ingreso de enfermedades, razón por la cual se debe ser muy cuidadoso y prudente en esta materia. En la práctica, resulta difícil muchas veces contar con más de dos o tres proveedores potenciales (países latinoamericanos) de semilla, con algunas excepciones, como el caso de Chile, donde, como contrapartida, el tema es aún más delicado por la presencia de enfermedades inexistentes en el resto de la región.

La importación de semilla es la peor de las soluciones y la que sin duda puede traer problemas mayores.

El mejor proveedor parece ser el que actúa en mayor grado de aislamiento, lo que ocurre con los productores pequeños de cría intensiva, o con truchiculturas estatales de pequeña envergadura. En ambos casos, es importante asegurarse que no hayan recibido planteles nuevos en los últimos años y que no se hayan registrado mortalidades, ni brotes sospechosos.

Por su parte, la laguna a explotar tiene una “vida propia” en cuanto a organismos que pueden ser nocivos para las truchas, como por ejemplo parásitos, aunque en muy pocos casos suelen convertirse en un problema de peso.


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